O por qué ignorar tus fortalezas naturales tiene un precio que pagarás tarde o temprano
El protagonista de esta historia real se llama, digamos, Roger.
Roger obtuvo dos grados universitarios: uno en Contabilidad y otro en Finanzas. Por tanto, tenía no una, sino dos buenas razones para celebrarlo. Al terminar la universidad y graduarse entre los primeros de su promoción, fue contratado como controller por una gran corporación.
Eficaz y respetado, Roger ascendió rápidamente por la jerarquía organizativa. Durante tres años representó a la empresa en la junta directiva de organizaciones que prestaban servicios comunitarios, liderando campañas de recaudación de fondos que batieron récords.
Todo parecía perfecto. Roger era exitoso, reconocido y bien pagado.
Pero había un problema.
Cuando el éxito te lleva al consultorio del psiquiatra
Cuando Roger tenía 35 años, su psiquiatra le aconsejó que considerara un cambio de trabajo debido al estrés que soportaba como controller. Era cuestión de vida o muerte. Y esto, a pesar de que su trabajo complacía enormemente a su empresa.
La pregunta era evidente: ¿qué trabajo podría hacer que implicara menos estrés y le proporcionara también buenos ingresos?
Pero había una pregunta más profunda, una que Roger aún no se había formulado: ¿Por qué un trabajo en el que era exitoso le generaba tanto estrés?
El proceso que le abrió los ojos
Roger decidió experimentar el proceso Dependable Strengths® (DS), una metodología para descubrir nuestras fortalezas. El núcleo de este proceso consiste en identificar y narrar a otras personas un tipo especial de historias personales llamadas «Buenas Experiencias». Estas historias, que deben cumplir estrictamente unos criterios determinados, ilustran el despliegue de algunas de nuestras fortalezas más confiables.
Roger comenzó a identificar «Buenas Experiencias» desde muy temprana edad y después las ordenó cronológicamente.
Lo que descubrió le dejó helado.
El niño que Roger había olvidado
Entre los 5 y 9 años, Roger estableció un récord vendiendo revistas. Tenía 7 compañeros trabajando para él. Finalmente, vendió la ruta para asociarse como vendedor con otro chico del vecindario que tenía una buena imprenta en su garaje. Ambos ganaron un montón de dinero.
En el instituto, Roger tenía un negocio exitoso de venta de leche fresca a las escuelas públicas y a algunas agencias gubernamentales.
En la universidad llevaba tres franquicias al mismo tiempo, y cada una con gran éxito.
¿Cómo acabó Roger estudiando contabilidad y finanzas?
El consejo bienintencionado que destruyó un talento
El padre de Roger no tenía un buen concepto de los vendedores.
Entonces, sugirió a un respetado profesor universitario, amigo suyo, que invitara a Roger a su casa y lo «orientara» un poco.
—No tienes que ser un quincallero, un vendedor toda tu vida. Eres lo suficientemente inteligente como para ser un buen profesional —sentenció el profesor.
Así que Roger le hizo caso y comenzó a estudiar contabilidad y finanzas en su tercer año de universidad, abandonando la idea de las ventas y el marketing.
Roger abandonó lo que se le daba naturalmente bien para hacer lo que «debería» hacer.
El descubrimiento que lo cambió todo
La exploración de las «Buenas Experiencias» de su vida le permitió vincular las fortalezas de sus primeros años con las «Buenas Experiencias» más recientes: las campañas de recaudación de fondos.
Ahí estaba la respuesta.
Las únicas veces que Roger había sido exitoso SIN un estrés letal eran cuando aplicaba sus talentos naturales de venta, persuasión y creación de negocios. Incluso dentro de su trabajo como controller, lo único en que realmente brillaba era su capacidad para liderar campañas de recaudación de fondos.
Finalmente, Roger abandonó su puesto de controller, comenzó a trabajar en marketing y consiguió tener más éxito profesional, dejando atrás, además, aquel estrés letal.
La creencia que nos limita a todos
El padre de Roger —como muchos de nuestros padres, quizás nosotros mismos— creía que un ser humano puede aprender a ser competente en prácticamente cualquier cosa.
Como si fuéramos una navaja suiza, tenemos la flexibilidad para convertirnos en médicos, abogados, ingenieros, maestros, emprendedores o directivos según las necesidades del momento.
La realidad, sin embargo, tal y como nos demuestra la historia de Roger, es muy diferente.
Sí, puedes aprender a hacer muchas cosas. Puedes llegar ser competente en varias áreas. Puedes incluso destacar si te esfuerzas lo suficiente.
Pero hay una diferencia abismal entre:
- Ser competente haciendo algo.
- Ser excepcional haciendo algo sin agotarte en el intento.
Roger era competente como controller. Incluso exitoso.
Pero le estaba costando su salud mental.
Protégete
La respuesta a la pregunta «¿Para qué sirvo?» es personal e intransferible.
Además, la llevas en tu interior y tendrás que esforzarte para descubrirla.
Tu familia, tus amigos, tu pareja, todos querrán darte consejos.
No los escuches.
Ya has visto cómo acabó Roger: exitoso sobre el papel, destrozado por dentro, hasta que decidió escucharse a sí mismo.
¿Y tú?
Quizás ahora mismo estás donde Roger estuvo a los 35 años:
- Exitoso en algo que no te llena.
- Competente en un trabajo que te agota.
- Respetado profesionalmente, pero perdido personalmente.
O quizás estás al inicio, como Roger en la universidad, a punto de tomar una decisión sobre tu carrera basándote en lo que otros creen que «deberías» hacer.
En cualquier caso, tienes una elección:
Puedes seguir el camino que otros han trazado para ti, confiando en que «eventualmente» encontrarás satisfacción.
O puedes trabajar diligentemente en tu autoconocimiento y construir una carrera desde lo que realmente eres, no desde lo que crees que deberías ser.
Roger tardó más de 10 años en darse cuenta.
Tú no tienes por qué tardar tanto.
Trabaja en tu autoconocimiento. Es la mejor inversión que harás jamás.
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